Cómo Renfe me dijo qué no y yo me empeñé en qué sí

 Hoy es jueves, y el lunes viajo (si el cosmos lo permite) a Granada. Hace ya mucho tiempo que deseaba visitar esa ciudad de la que tanto me han hablado, pero algo que para una persona sin movilidad reducida es tan sencillo, para mí que me desplazo con scooter, ha comenzado con muchos más inconvenientes de los que desearía. Algunos de esos inconvenientes son reales y otros, me los he fabricado yo misma en mi cabeza. El miedo como dicen es libre, y el mío a veces va a la velocidad de la luz.
Preparando el viaje, mi primera sorpresa, o más bien disgusto, comienza cuando al llamar a Renfe, me explican que no me puedo llevar mi scooter porque según ellos, no es un vehículo homologado. ¿Qué no es un vehículo homologado? ¡Que no es un vehículo homologado!

A pesar de mi sorpresa mayúscula, decido ser inteligente, ahorrar energía y en vez de discutir con ellos, me pongo a la tarea de solucionar este “pequeño” disgustillo. Después de varias llamadas, decido alquilar una scooter en mi ciudad destino, Granada. Esto me supone un desembolso de dinero con el que no contaba. Un gasto adicional por mi discapacidad, que dirá Renfe que para eso soy pensionista y me lo puedo permitir… Renfe me habrá dejado sin scooter pero no sin ironía (que esa está más que homologada y viaja conmigo a todos sitios)

La negativa de Renfe, me cuesta 110 euros de más por dos días de viaje:

15 € por llevarme la scooter al hotel

80 € por el alquiler de la misma dos días completos

15 € por llevarse la scooter del hotel

Y digo yo, más vale que me hubiese alquilado un coche de lujo y hubiese ido como una señora, con mi pelo al viento, en un descapotable por la A4. Me hubiese costado lo mismo.

Una vez solucionado el primer problema y a tres días de irme, mi cabeza que no para, se ve asaltada por pensamientos tales como:


¿Y si el hotel no está tan adaptado como me han dicho? ¿Podré ver la Alhambra aunque sea de lejos? ¿Y si mi vejiga, tan neurógena ella, se me descontrola y hace de las suyas?

Tengo que reconocer que antes, cuando no tenía problemas de movilidad todo era más fácil, pero también menos arriesgado. En mis circunstancias actuales, hacer un pequeño viaje supone toda una aventura y un montón de cosas que controlar y que tener en cuenta. A veces, es agotador pero cuando se consigue es de lo más satisfactorio.

Próxima semana subiremos post en el que os explique qué tal me ha ido por tierras granadinas, que sé que os dejo con la intriga. 😉

Ana C.

 

 

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