Frío extremo y esclerosis múltiple. Cómo afecta a nuestra enfermedad.

IMG_0605Una caída brusca de las temperaturas puede repercutir en los síntomas de la EM (Esclerosis Multiple). Pero a la mayoría de los pacientes les afecta más el calor y el verano.

Son muchas las señales que nos envía nuestro cuerpo cuando empieza a notar un descenso de las temperaturas, especialmente en los meses de invierno.
Lo recomendable es paliar los efectos desde el primer momento abrigándose mucho, por muy obvio que nos parezca, tomando comidas y bebidas calientes y manteniéndose en lugares donde la temperatura sea la adecuada.
El frío afecta a los síntomas de la EM con menos frecuencia que el calor.
Un cambio brusco de temperatura y la esclerosis múltiple tampoco se llevan bien.
Aunque al día de hoy se desconoce la causa del efecto que produce el frío en la EM.
En esta época del año se suelen sufrir especialmente un empeoramiento de los síntomas sensoriales y de los problemas de movilidad, además de un bajo rendimiento físico. El frío puede provocar además espasmos, tirantez muscular, espasticidad y recaídas.
¿Qué es la espasticidad? Es un trastorno motor cuyo origen se encuentra en una alteración del sistema nervioso central que provoca un aumento del tono muscular dificultando e imposibilitando total o parcialmente el movimiento de los músculos afectados.
Como ocurre con la percepción del calor en la EM, la percepción del frío puede causar cambios y alteraciones en la piel. No es aconsejable aplicar bolsas de agua caliente directamente sobre ella.
Pero hay otras formas de controlar el frío, que aunque son obvias, merece la pena recordar;
-Utilizar ropa adecuada no apretada, ya que puede resultar dolorosa y provocar espasmos. Quiénes tengan este problema deberán evitar ropa térmica apretada y optar por varias capas de ropa holgada.
-Los gorros, bufandas y guantes son de gran utilidad para conservar el calor, así como las mantas eléctricas.
– Llevar un termo con bebida caliente.

IMG_0606Pero para otros pacientes el frío se convierte en su mejor aliado en lo que a la enfermedad se refiere.
En Estados Unidos se han realizado numerosos estudios entre las temperaTuras meteorologicas y la EM… Si que hay datos que invitan a reflexionar sobre la relación o vínculo entre los cambios estacionales y los síntomas de la EM. Se han planteado varias teorías sobre ello, sobre cuál puede ser la causa, desde la fluctuación de los niveles de vitamina D, incidencia rayos UV y/o infecciones del tracto respiratorio superior.
Un estudio del Centro Neurológico Ann Romney del hospital de Brigham ( Boston, Massachussetts) relaciona, sobre 139 mujeres, que las tasas de recaídas (32%), eran inferiores durante el otoño y el invierno; es decir las recaídas en EM están relacionadas directamente con la estación metereológica.
Sabemos también que están relacionadas con los niveles de melatonina del sujeto, la hormona que ayuda a regular la producción de sueño.
Los niveles de melatonina son más altos durante los meses de invierno y otoño especialmente en los días cortos cuando hay menos luz de día.
Y también se ha descubierto que la melatonina modera el sistema inmunitario y no permite que éste ataque a la mielina, desencadenando la producción de linfocitos T reguladores.
A pesar de que estas investigaciones parecen prometer nuevas soluciones hacen falta más estudios y desarrollos.
No todos los enfermos de EM deben tomar melatonina.
Las píldoras de melatonina causan extrema somnolencia y la fatiga continua es algo con lo que muchos pacientes luchan.
Tampoco hay ninguna evidencia de que el tratamiento con melatonina sea efectivo para la enfermedad de la EM.
Sin embargo con más investigaciones los científicos pueden llegar a nuevos enfoques de tratamientos o a aliviar síntomas.

A diferencia del frío, el calor durante los meses de verano, las duchas calientes y la fiebre empeoran transitoriamente todos los síntomas de la enfermedad, quizás el que más empeora sea el de la fatiga.

Así que ante los cambios de hora, de estación, de clima…paciencia y “oídos sordos” cuando escuchamos ciertos comentarios sobre nuestra enfermedad tipo:
-Qué buen aspecto tienes, no pareces enfermo…
Y que nos entiendan y apoyen cuando digamos:
– Qué cansado estoy… cualquier día nada más levantarnos por la mañana, o…
– No sé si podre quedar contigo la semana que viene…
Por desgracia hay investigaciones científicas que avalan todos nuestros síntomas.

Carmen López

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