La astenia primaveral, los cambios bruscos de temperatura y la esclerosis múltiple

IMG-20160324-WA0008Es cierto que las temperaturas extremas empeoran transitoriamente los síntomas de esclerosis múltiple. El frío  provoca rigidez muscular, espasmos y dolor. El calor en cambio provoca problemas de debilidad, fatiga y equilibrio. La inflamación es mayor en primavera y verano.

Sin embargo los cambios bruscos de temperatura pueden ser peores que las temperaturas extremas tanto de frío como de calor. Si a todo ello añadimos la astenia primaveral que aparece en esta época del año resultado es “debilitante”.
En esta estación aparecen  algunas circunstancias que inciden de manera muy negativa en nuestra enfermedad crónica. Las más destacables son el cambio horario, que altera nuestro ritmo circadiano, -que es el reloj biólogico humano que regula las funciones fisiológicas para que siga el ciclo regular que se repite cada 24 horas y que coincide con los estados de sueño y vigilia,- la subida de las temperaturas y el cambio biólogico a nuestro alrededor…
Esto provoca que la fatiga que aparece en nuestra “coyuntura”, con una enfermedad crónica del sistema nervioso central, sea cuatro o cinco veces superior a la de una persona que no padece ninguna patología.

Algunos consejos
Los meses de transición son los más difíciles pues las temperaturas cambian sin previo aviso y bruscamente. Especialmente por las noches estos cambios los acusamos en nuestro ritmo de sueño.
Algunas recomendaciones para tener ciclos de sueño saludables en esta época,
– Intentar no dormir durante el día.
– Evitar el alcohol y la cafeina unas horas
antes de acostarse.
– Si tenemos la vejiga neurogena beber
menos liquidos por la tarde.
–  No ir a dormir tras una cena copiosa ni
con hambre.
–  Hacer ejercicio adaptado a nuestras
limitaciones pero siempre tres horas
antes de ir a dormir.
–  Intentar levantarse todos los días a la
misma hora.
Y sobre todo relajarse antes de meterse en la cama.
Hacer algún ejercicio de relajación o meditación para “cansarse” un poco antes de reposar.
Para evitar la exacerbación de los síntomas en invierno debido al frío es aconsejable abrigarse, protegerse en lugares con calefacción e ingerir comidas y bebidas calientes.
Para evitar los síntomas producidos por el calor es aconsejable no exponerse a la luz directa del sol, resguardarse en habitaciones con aire acondicionado y utilizar ropa cómoda.
Además de:
– Hidratación adecuada. Beber 2 litros de agua al día.
– Ingesta de vitaminas que nos pueden ayudar como la C o la D.
– Rutina de ejercicio físico.
– Periodos adecuados de descanso.
– Y consultar con nuestro neurólogo. Existen medicamentos que pueden reducir la fatiga y el cansancio como la Amantadina o la Fluoxetina.

¿La melatonina puede mejorar los síntomas?
La melatonina es una hormona que se genera naturalmente en el cerebro, que tuene muchas funciones y que ajusta y regula los ciclos día-noche. Se produce en la glándula pineal y existe una mayor concentración en la sangre por la noche.
Algunos alimentos que fomentan la producción de melatonina:
– Frutos secos, nueces y almendras.
– Leche.
– Frutas, plátanos y cerezas.
– Tomates.
– Cereales, avena, arroz y maíz.
Curiosamente los niveles en nuestro organismo siempre son más elevados en otoño y en invierno.
Actualmente se están realizando estudios para demostrar que una mayor concentración de melatonina puede reducir el número de brotes en las formas remitentes-recurrentes.

Hay un estudio muy interesante de 2010 publicado en la revista estadounidense “Neurology” y realizado por el Brigham and Women’s Hospital de Boston (EEUU).
En dicho estudio participaron un total de 44 afectados por esta enfermedad, tipo remitente-recurrente de entre 35 y 52 años.. Se realizaron resonancias magnéticas entre 1991 y 1993. Aparte del estudio de cada persona se recopiló información climatológica que incluía la temperatura, la radiación solar y las precipitaciones en el área de Boston.
Después de un año se descubrieron 310  nuevas lesiones en 31 personas. Y estas lesiones se produjeron de marzo a agosto, en las épocas de mayor temperatura y radiación solar.
Este estudio es interesante porque se realizó a principios de los años 90, antes de que los medicamentos para la esclerosis múltiple recidivante fueran aprobados, por lo que no podían influir en el resultado.

Carmen López

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