Un nuevo paso en la investigación de esclerosis múltiple

Diego 01El Dr. Diego Clemente es el Investigador Principal del Grupo de Neuroinmuno-Reparación del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. En la actualidad está trabajando, junto a su equipo, en la investigación con células mieloides supresoras, abriendo así un nuevo camino en la investigación en esclerosis múltiple.

 

Pregunta.- Actualmente está realizando una investigación pionera en el área de la esclerosis múltiple, ¿nos podría detallar en qué consiste?

Respuesta.- Las células principales que estudiamos en el laboratorio se llaman células mieloides supresoras. Estas células las producimos todos en nuestra médula ósea y en circunstancias normales generan células maduras de la estirpe mieloide. En patologías inflamatorias, como ocurre en la esclerosis múltiple, ese proceso de maduración de las células no termina y por tanto se quedan en un estado inmaduro, no obstante proliferan y salen de la médula ósea para ejercer sus funciones. Entre estas funciones está decirle al sistema inmunológico, sobre todo a las células de la respuesta inmune adaptativa: “párate” (por eso se llaman supresoras, es decir, suprimen la respuesta inmune adaptativa que es la que está mediada por linfocitos T y B)

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En definitiva, lo que hacen estas células es unirse a linfocitos T activados y decirles que tienen que desaparecer. Siempre me gusta decir que controlan el descontrol, es decir, cuando hay un proceso inflamatorio estas células son el interruptor que se encarga de desactivar los linfocitos o transformarlos (en células T reguladoras que también ayudan a controlar el episodio inflamatorio). Son, por tanto, buenos interruptores para pasar de una fase proinflamatoria a una antiinflamatoria a través de este proceso regulador en el que participan las células mieloides supresoras. Nuestra hipótesis de trabajo es que ampliando el número de estas células y su estado de actividad podríamos acortar el proceso inflamatorio y no sólo eso. Nosotros en el laboratorio estamos observando que hay ratones que enferman con más rapidez que otros, aunque todos siguen el mismo modelo de trabajo;, este empeoramiento rápido hemos comprobado que se produce más cuando el ratón tiene menos células de este tipo. El valorar el número de estas células al principio de la enfermedad en el modelo animal nos permite predecir cuál va a ser su ritmo de evolución, por tanto nos podrían servir como biomarcadores en todo el proceso de la enfermedad en ratones.

P.- ¿Esto sucede en todas las fases de la esclerosis múltiple?

R.- En nuestra hipótesis de trabajo podemos actuar en diferentes momentos: potenciándolas farmacológicamente al inicio de proceso; o, si a un ratón que va a tener una evolución lenta podemos intentar extraerle estas células y trasplantarlas a otros cuya evolución sepamos de antemano que pueda ser más rápida. Estamos trabajando en ello y sospechamos a día de hoy que podemos actuar de las dos formas.

P.- ¿Es por tanto un marcador claro de cómo va a evolucionar la enfermedad?

R.- Creo que sí y es importante porque hasta ahora teníamos pocos elementos de análisis. De todas formas si estas células se convierten en biomarcadores no van a ser una panacea sino que tendrán que valorarse junto a otros. Al fin y al cabo, estas células son medidores de benignidad, por eso será necesario complementarlas. Los biomarcadores son claves para la elección del tratamiento de los pacientes porque nos permiten elegir entre un fármaco u otro según la previsible evolución. No es lógico comenzar en todos los pacientes con, por ejemplo, un interferón, cuando sabemos que una esclerosis va a ser muy agresiva, si tenemos biomarcadores potentes podemos ahorrarnos pérdidas de tiempo y empezar con tratamientos más potentes.

P.- ¿Estas células pueden tener capacidad de regeneración?

R.- Nosotros pensamos que muy probablemente sí. Estamos comprobando que cuando estas células las extraemos de los ratones y las cultivamos en laboratorio el líquido en el que se desarrollan sirve para potenciar el crecimiento de los precursores de oligodendrocitos responsables de la generación de mielina. Por lo tanto las posibilidades de trabajo con estas células son enormes.

P.- ¿Con su utilización se corre el riesgo de que aparezcan tumores como en otras líneas de investigación?

R.- Esta es una de las grandes cuestiones que nos quedan por resolver. Estas células han sido muy estudiadas en el cáncer, pero el cáncer tiene una evolución totalmente opuesta a la esclerosis múltiple, porque lo que hace el cáncer es eliminar, inactivar o engañar al sistema inmune, lo que produce que las células tumorales no sean eliminadas y el tumor siga creciendo. Sin embargo, en la esclerosis múltiple ocurre justo lo contrario: se activa demasiado el sistema inmune. Estas células mieloides supresoras en el cáncer participan en esos procesos de engaño al sistema inmune y por tanto, pueden fomentarlo, por eso hay que tener muchísimo cuidado en su aplicación. De todas formas todavía no se sabe si las células mieloides supresoras en el cáncer son iguales a las de la esclerosis múltiple. Además, también es muy diferente el ambiente inflamatorio de las dos enfermedades. Por lo tanto hay que ser muy rigurosos en la investigación antes de llegar a conclusiones.

P.- ¿Cómo afectan nuestros hábitos de vida a la actividad de estas células?

R.- Este es un factor al que estamos dando mucha importancia en nuestra investigación. Estamos estudiando en profundidad este aspecto valorando si un cambio en la dieta de los ratones también afecta a la evolución o actividad de este tipo de células. En general al sistema inmune en su conjunto. Todo apunta a que la alimentación juega un papel muy importante en la evolución de la enfermedad, como es lógico. Cada día vemos como adquieren más importancia las bacterias intestinales o la microbiota, no solo para producir vitaminas sino también que existe una comunicación directa entre lo que ocurre en el intestino y en el cerebro.

Parece estar demostrado que los pacientes de esclerosis múltiple tienen un tipo de bacterias predominantes que no tienen las personas que no cursan esta enfermedad. La flora intestinal es complejísima y supone por si sola más de dos kilos de peso.

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P.- ¿Por qué y cómo se empieza una investigación como esta?

R.-El inicio de todo puede ser muy complejo o muy sencillo. En nuestro caso se combinaron las dos posibilidades, complejo porque es la suma de muchas circunstancias (por ejemplo, la incorporación de una nueva persona al equipo con ideas nuevas). Otra manera puede ser, simplemente, casualidad, algo que observas y te sugiere nuevas preguntas. Cada investigación cierra una puerta y abre 50.

P.- ¿Una vez que ha surgido la idea se forma el equipo?

R.- Varía mucho, normalmente se adapta a las personas que participan, es decir, va pasando de lo general, en nuestro caso el estudio de la esclerosis múltiple, a lo concreto según las personas que intervienen y a sus capacidades.

P.- ¿Esta investigación se suma a otras? ¿Existe una coordinación entre distintos equipos?

R.- Nosotros participamos en la Red Española de Esclerosis Múltiple que es una red financiada por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad donde nos encontramos muchos investigadores clínicos y básicos para compartir experiencias y colaboramos. Para mí la ciencia sin colaboración no es ciencia.

P.- ¿Cuáles son las expectativas de esta investigación?

R.- Desde nuestro punto de vista, conseguir extraer este tipo de células a una persona afectada, potenciarlas y volvérselas a implantar consiguiendo así mejorar al paciente. Actualmente hay muy buenas perspectivas para el tratamiento de la esclerosis, con investigaciones muy avanzadas que están dando fruto. Lo más importante en esta enfermedad es saber por qué ocurre, esta es la mejor forma de atacarla.

Los pacientes tienen que exigir investigación y tienen que reclamar sobre qué quieren que se investigue. Por ejemplo, ahora los propios pacientes están exigiendo más investigación en la esclerosis múltiple primariamente progresiva y hay que continuar peleando por ello. La ciencia está muy poco valorada en España y hay que luchar activamente porque haya más financiación y porque los investigadores se queden en nuestro país y no tengan que emigrar para encontrar trabajo.

Debemos apostar por la colaboración entre investigadores y pacientes, tenemos que sumar entre los dos ámbitos tanto fomentando la exigencia de financiación como conociendo y dando visibilidad a la investigación. Los pacientes se tienen que convertir en altavoces de la misma. De ahí que considere un tremendo acierto el lema de la campaña de este año por el Día Mundial de la Esclerosis Múltiple #bringinguscloser, no sólo para hacer ver a las personas con esclerosis múltiple que los investigadores estamos ahí para acercarles el final de la enfermedad lo antes posible sino para que os acerquéis más a lo que hacemos y nosotros también a las personas para las que trabajamos.

Cris Bajo

Andrómeda

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6 comentarios en “Un nuevo paso en la investigación de esclerosis múltiple

  1. Creo que se nace con esa condición, tengo 53 años, he tenido varios brotes pero he recuperado prácticamente el 70 por ciento de mis capacidades. Me gustaría seguir de cerca los resultados y tal vez formar parte de algún grupo de pacientes para aplicar los primeros tratamientos

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