Disonancia, politonalidad y polirritmia

20180630_190425La semana pasada acudí al Auditorio Nacional de Madrid, las entradas estaban agotadas desde hace mucho tiempo pero mi prima, como buena melómana, las sacó con mucha antelación.

Era interesante esta música coral en la Sala Sinfónica por una de las obras: La Sinfonía de los Salmos de Igor Stravinski. Y la Sinfonía número 9 de Beethoven por supuesto. Bueno interesantes las dos obras dirigidas por David Akham, 1983 Friburgo de Bisgrovia, Alemania, como Director Principal de La Orquesta y Coros Nacionales de España.
La Sinfonía de los Salmos, nace de un encargo de la Orquesta Sinfónica de Boston a finales de 1929, para celebrar su quincuagésimo aniversario. Los textos de esta sinfonía están basados en versículos de los “Salmos” de la Biblia. Salmos 38, 39 y 150. Y está escrita en latín.
Stravinski concluye su composición en Niza, Francia, en agosto de 1930.
Finalmente se estrenó en Bruselas, Bélgica, en diciembre de 1930.
Está escrita para coro con 4 partes y la orquesta no tiene violines, violas o clarinetes. El contrapunto y la fuga procedimientos de la composición musical, al modo renacentista. Así percibía el autor su propio acto de fe: “El coro
ronco, lleno de sangre, oscuro, interiormente apasionado, canta con convicción litúrgica e intensidad en una memorable actuación”.

Igor Stravinsky
Igor Stravinski nació en Oraniembsum, hoy Lomonosov, Rusia en 1882 y murió en Nueva York en 1971.
Es uno de los músicos más trascendentales del siglo XX, además de pianista y compositor.
Su larga existencia le permitió conocer una gran cantidad de corrientes musicales y la composición de una gran cantidad de obras
clásicas pero es mundialmente conocido por dos cosas; por los ballets de su período inicial y por las innovaciones en la música del siglo XX.

Los ballets o piezas para interpretar por medio de la música y la danza, del periodo inicial – el llamado periodo ruso – son tres.
–  El pájaro de fuego 1910.
–  Petrushka 1911.
–  La consagración de la primavera 1913. Estos ballets clásicos, atrevidos e innovadores reinventaron el género. Están hechos para ser interpretados por orquestas grandes, los temas están basados en el folklore ruso y llevan la marca Rimsky-Kórsakov, uno de los compositores rusos del siglo XIX más importantes de la historia de la música.
Lo especial y único de estos ballets, por eso Stavinski es un genio y ha contribuido a crear la nueva música del siglo XX, es el énfasis bitonal y la disonancia polifónica.
Es decir en la composición musical innovó en el ritmo, el autor prescinde de las típicas secuencias que caracterizaban a una obra hasta ahora como tema principal…variación 1…variación 2… adquiriendo una estructura lineal carente de repeticiones.
En la orquesta desarrolla una sonoridad nueva favoreciendo la percusión y los instrumentos de viento.
Y respecto a la armonía es una acumulación de notas sin función estructural.
La melodía usa disonancias o sonidos que el oído percibe con tensión y tiende a rechazar.
El legado de este compositor se diluye en todas las composiciones “libres” a las que estamos acostumbrados a oír desde que enchufamos el “móvil” con el “Spotify”.

Carmen López

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