Síndrome neurológico aislado y esclerosis múltiple

1Seguro que muchos de nosotros hemos sufrido lo que se denomina un síndrome neurológico aislado, mucho antes del diagnóstico de esclerosis múltiple.

En muchas ocasiones, el primer síntoma clínico de una EM, es lo que se conoce como un síndrome neurológico aislado (SNA), que puede ser cualquier tipo de alteración del sistema nervioso central, como hormigueo en extremidades, pérdida de fuerza, neuritis óptica, sensación de ardor en cualquier parte del cuerpo. Si estos síntomas se pasan en un periodo breve de tiempo, los podemos achacar a cansancio, estrés, cervicales y en muchas ocasiones ni acudimos al médico.

Sin embargo no todas las personas que sufren un síndrome neurológico aislado, desarrollan con posterioridad una esclerosis múltiple, al contrario, en los que sí la desarrollan existe una gran variabilidad en el número y la intensidad de los brotes que se les presentarán, al igual que una evolución a la forma secundaria progresiva y un mayor grado de discapacidad acumulada.

Distintos investigadores han realizado distintos estudios para intentar encontrar las claves que puedan predecir una mejor o peor evolución, con el fin de individualizar mucho más los tratamientos en función de cada tipo de enfermedad.

En el año 2008 se publicó en la revista “Brain” los resultados de un estudio de seguimiento a muy largo plazo, iniciado en la década de los 80 en Reino Unido, que valora la evolución de pacientes que debutaron con un SNA y disponían de un estudio inicial de resonancia magnética.

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Lo que hace muy interesante a este estudio, es el largo seguimiento de los pacientes, ya que se les controló la evolución durante veinte años tras la primera manifestación clínica. Inicialmente entraron en el estudio 140 pacientes.
Se estudió tanto la conversión a EM definitiva como la evolución a forma secundaria progresiva o a formas benignas de la enfermedad, y la discapacidad acumulada a lo largo del tiempo.

En el análisis de las imágenes de resonancia magnética, se valoró si la resonancia magnética inicial se consideró normal o anormal, y en este caso, el volumen de lesiones inicial y el acumulado con el tiempo.

Con estos datos se hizo una correlación longitudinal entre los hallazgos encontrados en la resonancia magnética y la evolución clínica que tuvieron los pacientes, medida por escalas de discapacidad.

En cuanto a la evolución clínica de los pacientes se vio que tras veinte años, el 63% desarrolló una EM definitiva. De ellos, el 42% de los pacientes habían pasado a la forma secundaria progresiva, mientras que el 58% permanecían en forma remitente-recidivante, algunos de ellos con una evolución muy benigna.

Se encontró una correlación totalmente positiva para el desarrollo de la enfermedad en las personas cuya resonancia magnética inicial no era normal. También se encontró asociación entre un mayor volumen total de lesiones, especialmente en los primeros cinco años de seguimiento, y la evolución a la forma secundaria progresiva frente a los que seguían en la fase remitente-recidivante. Por lo tanto, un acúmulo de lesiones más lento en resonancia magnética se relacionó con una mejor evolución clínica.

En estudios previos de seguimiento que contaron con menor número de pacientes y menor tiempo de evolución se apuntó a la relación entre la carga lesional en resonancia magnética y el riesgo de mayor discapacidad a largo plazo.

Otro aspecto muy interesante del estudio es que tan solo cuatro del total de los pacientes que completaron el seguimiento recibieron algún tratamiento aprobado para la EM, por tanto los resultados son bastante indicativos de la evolución natural de la enfermedad.

Actualmente sabemos que la medicación desde el primer momento de la detección de la enfermedad ayuda a una mejor evolución clínica de la misma, así como una menor discapacidad.

A la gran mayoría que nos han detectado esclerosis múltiple, si echamos la vista atrás recordamos algún síntoma que en su día pasamos por alto o lo achacamos a cualquier otra patología que ya teníamos. Yo personalmente recuerdo el hormigueo en las manos, que no le di importancia achacándolo a las contracturas de la espalda y las cervicales.

Ángeles Glez.

Bibliografía
-Finiku LK, Brex PA, Altmann DR, et al. Disability and T2 MRI lesions: a 20-year follow-up of patients with relapse onset of multiple sclerosis. Brain. 2008 Mar; 131 (Pt 3):808-17.Epub 2008 Jan 29
-Brex PA, Ciccarelli O, O¨Riordan Jl et al. A longitudinal study of abnormalities on MRI and disability from multiple sclerosis. N Eng J Med 2002 Jan 17; 346(3):158-64.

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