Tiempos de crisis, tiempo de oportunidades

En tiempos de crisis como la que estamos viviendo ahora toca sacar lo mejor de cada uno Podemos juzgar y sacar conclusiones más tarde sobre si se han tomado las precauciones necesarias o nos hemos relajado pensando que nunca nos tocaría Es importante que luego aprendamos las lecciones de la crisis. ¿Qué funcionó, qué podríamos hacer mejor la próxima vez? Porque una cosa está clara: puede tener lugar otra pandemia. Pero también podría haber sido un virus mucho más letal.

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No soy psicóloga, ni psiquiatra ni coach ni pretendo serlo, simplemente quería compartir con vosotros mis reflexiones acerca de esta pandemia mundial que en apenas una semana nos ha cambiado literalmente la vida. Si nos detenemos un instante, esto es todo tan surrealista, como sacado de una película propia de ciencia ficción , es algo insólito en nuestras vidas en el que nos cuesta adaptarnos a este panorama apocalíptico, a este nuevo “Estado de alarma” que lo único que ha servido es para sembrar más pánico porque era el único modo de protegernos.
Durante estos días de encierro, he escuchado tantos comentarios de gente profesional y respetada y otras de índole no tan seria en el que hablan acerca de la incertidumbre, de la crisis económica que se nos avecina, del número de fallecidos y contagiados y de teorías conspiratorias que darían para hacer una trilogía al estilo de Hollywood. El planeta se ha paralizado, la economía se ha colapsado pero en ningún momento he oído qué podemos sacar de esta crisis, qué aprendizaje puedo adoptar, no para cambiar el mundo ni transformarlo, si no para afrontar con lucidez y sentido común lo verdaderamente importante en la vida, lo esencial, volviendo al origen de las cosas a lo prioritario que es vivir el presente y disfrutar de los nuestros.
Algo tan simple hace una semana como un beso, un abrazo, una acaricia, darnos la mano apenas lo apreciábamos y ahora, sin embargo, se nos fuerza a mantenernos aislados en la frialdad de la ausencia de contacto, esa cualidad tan nuestra y de las sociedades latinas en general, que ya estamos echando de menos estos gestos.

En un mundo globalizado, tan impersonal y tan egoísta donde pasamos el tiempo pensando en trabajo, problemas, metas y sueños en lugar de vivir el presente en plenitud nos creemos que somos seres superiores, invencibles y en un click, nos enfrentamos a un virus que lo trastoca todo descubriendo que somos seres débiles, frágiles y vulnerables. Que en un cerrar de ojos la vida nos cambia y detectamos que el mundo de afuera no sólo les afecta a los “otros” si no que nuestras vidas también se sienten amenazadas. Porque cada Titanic tiene su iceberg de la misma manera que un avión se puede caer por la gravedad porque a fin de cuentas, todos somos iguales ante una misma situación de emergencia.
Pero afortunadamente, no todo iba a ser malo, frente a los problemas graves, crece la solidaridad. En primer lugar, hacia los más mayores, a los más vulnerables que son quienes más sufren la epidemia. Muchos voluntarios se ofrecen a hacer la compra o pequeños recados. Así como los llamamientos a donar sangre son atendidos con rapidez en la mayoría de los centros hospitalarios.
También se ha promovido la valorización de los profesionales que están en primera línea, tanto los sanitarios como las fuerzas de seguridad o los empleados de supermercados o farmacias. La música o los aplausos desde las ventanas de los domicilios hacia el personal sanitario aportan optimismo y sentido de unidad en los momentos más duros.
El hecho de vivir aislado durante más de una semana, de soportar está cuarentena, ha llevado a muchas personas a replantearse sus prioridades en la vida. La salud, la alimentación, la espiritualidad ocupan los primeros lugares, frente al trabajo o el ocio. De hecho, el cierre de la actividad empresarial viene a poner en primer lugar la salud, por encima del beneficio económico. Son más importantes las personas que los números de una economía que sufrirá muchísimo a corto y medio plazo, debido a la gran dependencia del turismo.
En una época en la cual la crianza de los hijos se delega a otras personas e instituciones el coronavirus obliga a cerrar escuelas y nos fuerza a buscar soluciones alternativas a poner a los padres junto a los hijos, en definitiva, a volver a ser familia.
Que los servicios públicos la Sanidad y la Educación son bienes bien preciados que debemos cuidarlos y preservarlos así como a todo el personal sanitario y maestros. Durante décadas se han venido recortando empleos y salarios a estos dos colectivos a extremos sangrantes y cuando pase esta crisis nuestro deber es no perder la memoria, no olvidar a quienes nos salvaron la vida y que en muchos casos sacrificaron sus vidas y las suyas por cuidar a los demás.
Porque lo que es impensable es que nuestros médicos, enfermeras, científicos, investigadores ganen menos que un pseudofamoso de tres al cuarto que de la noche a la mañana se haga popular sólo por participar en realities. Tenemos que obligar a nuestros políticos a invertir en Ciencia en tecnología equipar a nuestro personal sanitario de todos los medios para garantizar una sanidad pública Universal y de calidad.
Este virus nos envía un mensaje claro la única manera de salir de ésta es hacer piña hacer resurgir en nosotros el sentimiento de ayuda al prójimo, de pertenencia a la manada de ser más solidarios y más generosos de ponernos en la piel de aquellos que sufren y huyen del hambre y de conflictos para buscar un mundo más justo. Dediquemos un tiempo a empatizar con los vecinos de enfrente, que esa distancia que nos separa se vuelva más cercana y cálida. Que vivamos el hoy el ahora porque el mundo es tan frágil que a la mínima se va todo al carajo.
Empecemos a pensar en qué podemos aprender de todo esto, para que cuando regresemos a la vida normal tomemos conciencia de lo verdaderamente importante para darle un sentido a todo ésto. Todos y todas tenemos mucho sobre que reflexionar y esforzarnos.

Andrómeda

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