El maltratador de las mil caras

Cuando la conocí… Sentí su abrazo. Vino por detrás, sigilosamente; me abrazó y posó sus invisibles manos en mi abdomen. Fue un flechazo, un amor a primera vista, y digo bien porque la vista se me nubló al momento; incluso sentí algo de vértigo cuando jamás lo había sentido, al sentir -valga la redundancia- su…